La Red Mandela de Escuelas Inclusivas: reflexiones sobre el camino, los caminantes y la recompensa (2020)

El pasado lunes tuve la oportunidad de participar en la Mesa de Apertura de este 1er Encuentro de Familias y Comunidad organizado por iiDi en el marco de la Red Mandela de Educación Inclusiva.

A lo largo de estos años, acompañar el recorrido increíble y pionero de la Red Mandela ha sido para mi un honor y un aprendizaje. La educación inclusiva en Uruguay es un camino en construcción y la red Mandela no tiene todas las respuestas ni las soluciones necesarias para que ese proceso vaya adelante.

Sin embargo, es maravilloso reconocer a lo largo de ese camino la forma en que crece y se consolida el compromiso de las autoridades, el entusiasmo de las escuelas, el aporte valioso e innovador que traen las organizaciones asociadas como iiDi y UNICEF. Y sobre todo, la comprobación de una buena practica  sostenida desde el inicio en la Red Mandela en cuanto a la necesidad de contar con un “componente social” que movilice el enfoque de derechos a lo largo de todo el proceso.

Este componente social a conseguido a través de talleres, Congresos de Niñxs y Encuentros periódicos entre las escuelas participantes de la red, poner en el centro la voz de niños, familias y comunidad. De esos espacios, surgieron frutos maravillosos la “Declaración de los niños y las niñas por la educación inclusiva” y la conformación de un grupo de padres referentes y organizaciones comunitarias dispuestas a contribuir con las escuelas que abran sus puertas a todos y todas.

El encuentro del lunes me recordó una historia que se discute hasta hoy en las escuelas de salud publica. A comienzos de la década de los ‘70, cerca de cinco millones de niños morían por año en el mundo por enfermedades ligadas a la diarrea. La mayoría de esos niños pertenecían a un puñado de países de África y Asia. La solución para semejante catástrofe, fue un descubrimiento médico que en aquel momento era propiciado con gran entusiasmo por UNICEF y la OMS llamado “sales de rehidratación oral” (SRO). Como algunos de ustedes sabrán, el principio de las SRO es simple: beber agua mezclada con azúcar y sal, en buena cantidad y sin dejar de alimentarse.

Hubo sin embargo, en aquel entonces, un poco de polémica ya que cuando se trataba de llevar las SRO al resto del mundo, la comunidad médica sostenía que seria muy complicado para las madres aprender a darles líquidos por vía oral a sus hijos. La OMS decidió entonces que las SRO debían ser administradas por los médicos.

Esta decisión tampoco era realista, pues como es sabido los médicos no abundan en esos países pobres y alejados. Asi que al año siguiente hubo cinco millones de niños muertos y otros cinco millones el año siguiente.

En Bangladesh, un proyecto liderado por UNICEF procedió a enviar equipos a las aldeas para capacitar a las madres y ayudarlas a encontrar la manera de adaptarse a este nuevo y esencial tratamiento. Obviamente, la mayoría de las madres harían lo imposible para ayudar a sus hijos con diarrea pero sin control médico… existía un amplio margen de error. Por ejemplo, las madres dejaban de alimentar a los niños cuando vomitaban. Hubo que enseñarles a preparar la solución con agua y sal y seguir adelante con el tratamiento a pesar de los vómitos.

La campaña de UNICEF en Bangladesh disminuyó la tasa de muerte de un 95 por ciento. Fue un gran éxito y, en gran parte, gracias a esa visión des-medicalizada según la cual se pueden transmitir habilidades a los padres para que puedan proteger la salud de sus hijos. Hoy en día, esa estrategia es usada en todo el mundo y el resultado es que menos de dos millones de niños y niñas mueren de diarrea cada año.

Hay mucho escrito e investigado acerca del rol de las familias en la educación en general y en procesos de inclusión en particular. La participación de las familias siempre correlaciona bien con los resultados educativos. Por otro lado, las organizaciones de personas con discapacidad y sus redes, levan anos practicando estrategias de ayuda mutua y aprovechando el capital social acumulado a través de años.

Puede servirnos esta anécdota para pensar el rol de las familias en la educación inclusiva? ¿Es posible plantearse modelos participativos que aprovechen recursos basados en la comunidad en el ámbito de la educación inclusiva?  Yo creo que es posible, en primer lugar porque los padres son quienes mejor conocen las necesidades de aprendizaje y las estrategias de sus hijos.

Montevideo, 2020

Acceda a la Evaluación de Red Mandela realizada por UNICEF (2021)