Feminismo disca en el estuario (2023)
Este libro expresa parte de una verdadera revolución cultural que acontece desde hace algunos años en relación con las discapacidades y (esto es mucho más evidente) con el feminismo. La posibilidad que se va abriendo a través de este proceso global al que asistimos, es la de reconocer derechos, amplificar oportunidades, pero también abordar complejidades que derivan de la experiencia de quienes estan en el mundo por fuera de las formas convencionales de ser, estar o “funcionar”. Es una mudanza profunda de realidades y subjetividades, acelerada un poco en este tiempo ansioso que llegó con el siglo.
Pablo Tortoriello y Luisina Castelli (Argentina, Uruguay, 2021) nos invitan en “Ante todo, buenas tardes” a una conversaciónpausada y sincera, abierta y trans-fronteriza, alrededor de “la política, el feminismo y la rengura”. Hay en el propio dispositivo de escribir dialogando y dialogar escribiendo, una apuesta que debería ser considerada imprescindible en cualquier esfuerzo que se precie progresista y busque modos nuevos de superar este lugar de desconcierto político en el que se encuentra el mundo: abrirse a una conversación sin dogmas, en la que los enunciados interesen menos que una procura de la enunciación. Una conversación preparada para reconocer e iluminar las diferencias, abstenerse de los fanatismos, o como se dicen Pablo y Luisina , “tirarse al agua a empaparse, con la potencia de una polifonía”.
En el agua de un río que separa, pero junta y divide, pero entrevera; la conversación se vuelve fascinante. A pesar que tropiece cada tanto con los restos de alguna boya ideológica o de algún antiguo catamarán naufragado. Tortoriello y Castelli no naufragan ni se enredan más que para seguir después navegando ese rio lento y medroso como estuario, mientras intercambian flores de ceibo (el romanticismo litoraleño de la banda oriental) con Fernet (el linaje argento, industrial y dividido). Ambos conocen la experiencia de la discapacidad de manera personal y cercana, y tratan a esa experiencia como se trata a una hermana, a una amiga.
Tanto visitar al machismo que vive adentro del colectivo disca, como entrevistar el rechazo de la diferencia funcional (y muchas otras) que habita en los movimientos feministas, es un asunto que me parece tremendamente necesario, para aflojar un poco el hilo de nuevas ideas. Lo peor que podemos hacer con el totalitarismo cuando aparece entre nuestros amigos es ser piadosos con él. O como (se) dicen Castelli y Tortoriello en un pasaje, “lo peor que podés hacer con un rengo machista es no ubicarlo. Lo peor para un rengo es la compasión.
El diálogo transcurre alrededor de una procura estética, lo que se acompaña y refuerza claramente en las maravillosas ilustraciones de Pablo Tortoriello, pero también en los giros delicados y cuidadosos del tono con el que fluye la palabra de Castelli. Evitan una y otra vez la clausura que a menudo viene con la pedagogía, pero no dejan de reconocer el valor que tiene lo educativo en cualquier proceso de cambio hacia nuevas formas de convivencia: “educarnos es una cuestión básica y necesaria de nuestro convivir. Educar, tiene que ver con conocer más a quienes nos rodean y a sus realidades y así desarmar prejuicios. Aunque también es cierto que nos educamos en el prejuicio. Entonces hay que des-re-educarse”.
Por esa vía, el libro se acerca y recorre los lugares más interesantes y así como otros “menos claros” de su apuesta: las contradicciones políticas, los desencuentros ideológicos, las tensiones entre el cuerpo, la experiencia del deseo y las perspectivas de género. A Castelli le preocupa mantener a raya la moral y poder habitar el activismo a partir de un deseo militante. Esto me parece a mí que es ir en una excelente dirección, pues toda moral será mas temprano que tarde conservadora, canceladora y resistente a las rebeldías.
“Ante todo, buenas tardes” tiene también el mérito de no ser un ensayo sobre las diversidades que atraviesan el real de nuestro tiempo, sino un texto que sale a buscar y explorar esos atravesamientos con creatividad y con sucesivas, empecinadas, fundamentales, aperturas.
Sin embargo, algo de la audacia que vi aparecer en algunos momentos del texto, se apagó luego (o al menos siento que no se desplegó del todo), dejándome con ganas de más profundidad (o menos esquematismo) en el intercambio de ideas. Quizás la explicación a ésto esté en la pregnancia que aún tienen ciertas etiquetas (feminismo, rengura, derechizquierda, la lista es larga) y que el libro no termina de abordar y cuestionarse. ¿Pero es posible escribir sin nombrar, y nombrar sin etiquetar de algún modo la experiencia?
Quizás haya que pensar que sí es posible, por la vía de una pregunta que no intente responderse, sino que busque apenas dejar la tenue huella que deja cualquier procura humana cuando es sincera. Que se pueda nombrar la experiencia del género y de la discapacidad como un susurro, evitando escamotear nuevamente la diferencia y la polifonía que anidan en cualquier experiencia humana, evitando cancelar por accidente la posibilidad de que algo de la verdad emerja y fluya, como una lisa en el estuario.
La experiencia humana suele llenarse de etiquetas (especialmente en territorios relativamente disidentes, como el de la discapacidad) tergiversándose y volviéndose opresiva para quienes lo habitan. En ese punto, la escritura de Tortoriello y Castelli acude al arte, “como un ámbito de pureza creativa…como medio de interpelación de lo normativo, de expresión de ideas propias y un espacio que muchas veces hace posible mostrarse frente a una audiencia o un público, con todo lo que “mostrarse” significa para corporalidades a las que se les ha enseñado a ocultarse y sentir vergüenza por su aspecto.… Al fin y al cabo, nos dicen “toda creación proviene de un trayecto peculiar, sea este personal o colectivo. Tanto en el colectivo rengo como en el feminista hay demasiado purismo, y cuesta mezclar las ideas y hacer alianzas”.
Este libro, que puede descargarse gratuitamente aquí[1], no es gratuito, por que abre un curso que recién se abre y abona un camino necesario en el que son de esperar nuevos encuentros entre quienes se desconocen (incluso a sí mismos y mismas) pero vienen a buscar el oro que se encuentra en nos-otros y surge (a veces) en la gracia de una conversación.
[1] https://sujetos.uy/wp-content/uploads/2022/02/wp-1645560751410.pdf
