La vieja (2022)

Yo vi que en el milagro del vacío, la piedra y la pluma caen al mismo tiempo (A. Muñoz, 1987)

La vieja venía caminando apurada por la Peatonal Sarandí a la altura de la esquina con Bartolomé Mitre. Es una zona de la ciudad que yo detesto, la detesto y la conozco bien porque es ahí adonde vivo. Peatonal Sarandí y Bartolomé Mitre, la vieja venía avanzando en esa esquina adonde las cosas, no sé, las cosas como que pasan a gran velocidad, como que se movieran siempre en cámara rápida.

La vieja también venía acelerada, medio atropellandose. Tenía puesta una de esas polleras que ya nadie usa, una pollera de otro siglo como ella, medio mustias y estropeadas las dos.

Yo veo que la vieja viene medio inclinada hacia adelante, al principio es una inclinación leve, como de setenta, setenta y cinco grados, no sé, pero veo sí muy claramente que ya no hace el ángulo recto con el piso. Todo ocurre muy rápido, veo que la vieja ya no está perpendicular al suelo. Se va a caer de bruces si no recupera pronto la postura vertical, la posición geométrica que le corresponde a ella y a cualquiera que se proponga andar.

La vieja lleva un bolso colgando del brazo. Es un bolso feo que cuelga en el ángulo recto, ese sí, correctamente recto, que hace el brazo a la altura del codo. Un brazo flaco, cargando un bolso feo y desnutrido, bien como ella. Toda la vieja está ya casi desplomándose en el pavimento, despatarrándose, rota.

Habrá venido de algún barrio periférico digo yo, qué hace aquí esta pobre vieja, inclinada cada vez más hacia adelante, tironeada como por un hilo invisible que la cincha en dirección a la escollera. Me pregunto si será el mismísimo Newton y toda su maldita ley de gravedad están queriendo derribarla, como tratando de tumbarla a la vieja hacia el terreno. Comprar terreno me acuerdo que se decía antes, viene a comprar terreno la vieja aquí en el centro, en Bartolomé Mitre y Peatonal Sarandí.

Yo sé lo que va a ocurrir, veo la niña adentro de la vieja y veo que se va a caer. Se va a caer como una niña apresurada, como una farolera tropezada, se va a caer como caen los obreros por el andamio. Se va a caer, a desplomar, se va a estrellar y contra el piso.

A cuanta sangre voy a tener que asistir ahora, sangre de vieja que ni siquiera va a fluir, se va a quedar ahí estancada, haciendo un charco enfrente mío. Yo me conozco, sé que no soy una buena persona, y sé muy bien que me angustia la sangre. Inhibición, síntoma y angustia, todo junto me va a dar. Porqué a mí me toca verla, que voy a hacer, que puedo a hacer yo, que soy un simple peatón como hay tantos, soy un peatón que por acá pasaba. Me quedo mudo y la miro, veo que va a romperse la crista. Vieja sin tetas, se va a caer y sin nada para amortiguar el golpe. Vieja pendeja, en falsa escuadra, se va a azotar, se va a estrolar contra las ásperas baldosas.

La miro, y sé que no voy a poder enderezarla, sé que no voy a poder abrazarla, ni alcanzarla, ni alzarla. ¡Con lo que me cuesta a mi acercarme a las personas! Me puede llevar meses atinar a hacer algo por ella. Me siento culpable,pero no tiene sentido, que puedo hacer, que puedo hacer yo. Cierro los ojos casi, no quiero verla caerse así ahi, delante de mí, en la Peatonal Sarandí. Se me empiezan a ocurrir unas rimas estúpidas, rimas infantiles, limeriks freakies, mientras la vieja se cae sin gracia alguna, se cae liviana y sin rima y sin peso y seguro que sin un peso en el bolso. Se cae como una hoja que cae, como un trapo que vuela y cae en la terraza.

Me cubro completamente los ojos en un gesto de espanto. Sé al mismo tiempo, que es un gesto exagerado, un gesto exageradamente dramático y cobarde. Abandono avergonzado ese estúpido impulso teatral que me vino y veo, en medio de todo ese barroco instante, que la vieja empieza a enderezarse un poco. Ya debe estar como en ochenta grados la vieja, se yergue suavemente ante mi asombro. Se empina como si de una manera extraña, inesperada, el mismo apuro de la ciudad, tal vez el viento que hacen los que caminan veloces en dirección contraria por la acera, la estuviera rescatando del vacío y enderezando a la vieja.

Veo así que casi se despega del piso, que va a levantar vuelo en cualquier momento. La miro elevarse al viento, suave como si fuera un pájaro, como un ángel viejo, una inconcebible Icaro mujer, bruja capaz de remontarse sin escoba y arrancar leve a volar, inesperadamente triunfadora, sobre Bartolomé Mitre y Peatonal Sarandí.

Angel de las viejas voladoras, patrona de las peatonales, elevándose,como un barrilete alegre e insolente, remontando la rambla.