Sin perder la ternura (2022)
Prólogo del libro ¿Qué es ésto? de Cecilia Blanco
Puede decirse que la sexualidad (o en otras palabras, por qué no decirlo simplemente así, el
amor) surge en el cuerpo, igual que surge el sonido en un instrumento musical. Como pasa con los instrumentos musicales, para conseguir que ese sonido sea música, es
necesario un lenguaje.
En el terreno de la sexualidad, también requerimos algo que nos permita interpretar (y, en consecuencia, inevitablemente, transformar) esas señales que provienen del cuerpo. Al hacerlo, estamos volviéndolas de esa manera personales, porque queremos que nuestra experiencia resulte armónica o al menos no completamente disonante en relación con nosotros mismos y con lo que nos rodea.
La educación sexual, sus materiales, escrituras e imágenes como las que aparecen en este libro, representan algunas de esas “partituras” imprescindibles, especialmente en la infancia, para que puedan expresarse con palabras las señales e impulsos que provienen del cuerpo. Es con palabras que vamos a intentar luego expresar (simbolizar) lo que sentimos: curiosidad,
atracción, inhibición, placer, dolor, postergación, ansiedad, rechazo.
No se trata de encontrar recetas, ni fórmulas, ni de esperar que aparezca en algún libro o
enseñanza, una partitura preestablecida o infalible. Tampoco se trata de descartar los
tropiezos, entre otras cosas porque cuando algo se siente “desafinado”, aprendemos a
reconocer lo que no desafina. Se trata si, de un trabajo que incluye aprendizajes personales,
que no son meramente la adquisición de conocimientos porque implican la construcción
(muchas veces, también, la deconstrucción) de un ritmo, un pulso, un “tempo” propio para
transitar ese territorio plagado de incertidumbre y de emociones complejas, que es la
sexualidad. Producir el modo propio que cada quien tiene para moverse (o permanecer estático) en ese territorio hecho de encuentros, pero también desencuentros, dudas, malentendidos y peripecias que son los vínculos.
Es por eso que en la educación sexual se juegan muchas de las posibilidades que tenemos de comprender, o al menos hilvanar, lo que cada uno de nosotros y nosotras somos, como sujetos. No solo porque nos toca interpretar de alguna manera eso que pasa en nuestro cuerpo, sino porque necesitamos ponerlo en diálogo con nuestra vida cotidiana, con los sentimientos que nos habitan y también, como no, con los anhelos y temores que cada tanto se acercan a nosotros.
En este libro, hay un recorrido por las “grandes preguntas” y las “pequeñas dudas” que muchas veces escuchamos en los consultorios, en las aulas, en las redes y en todos los espacios adonde niños, adolescentes y adultos tratan de encontrar una partitura propia para interpretarse e interpretar su sexualidad. Las respuestas que aquí se proponen son respuestas simples, y esa es quizás, su principal virtud. Lo más fácil en el terreno de la educación sexual, suele ser intelectualizar (es decir biologizar, psicologizar, sexologizar, academizar), las respuestas y consejos que se ofrecen.
En este sentido, ¿Qué es esto? rescata algo que siempre me ha parecido especialmente valioso, fundamental: hacer educación sexual sin perder la ternura, sin perder el sentido del humor, sin perder la simpleza. Y sin alejarnos demasiado de lo que nos ayuda a conectar la sensibilidad y el conocimiento, con las cosas de todos los días.
