Ansioso (2021)
Había dos psicólogas atendiendo en el Área de Evaluación Psicométrica de la Dirección de Tránsito. Cada cubículo, estaba identificado con una exactitud innecesaria para algo que nadie osaría en cuestionar jamás: Room 1 y Room 2, decían los cartelitos impresos en papel y pegados con scotch en el borde inferior del vidrio. La meticulosa prolijidad con que habían los redactado e impreso, no había sido acompañada, lamentablemente, con un gesto acorde por parte del mugriento que cortó la cinta y los pegó a la puerta. La superficie irregular del vidrio amplificaba el mal gusto. Room-room pensé , coherente con el entorno.
¿Cómo sería trabajar de psicólogo en un lugar como éste? Administrar todos los días la infalible (infumable) batería de tests, recoger siempre el mismo tipo de respuestas, repetir las frases monótonas de las interpretaciones, estampar finalmente el resultado en un informe y autorizar (o no) a que se expida el carnet. Todas las mañanas tomando las mismas pruebas mediocres, haciendo las mismas devoluciones miserables.
Hbía un silencio solo interrumpido por la señal que desde la pantalla avisa cuando llaman a un nuevo candidato. Yo espero mi turno. mientras me pregunto si las psicólogas que hacen este trabajo van a terapia. ¿Hablarán alguna vez lo que hacen en su trabajo en la Intendencia? ¿Se cuestionarán un poco la vida que tienen? ¿O abrigan en algún lugar escondido de su mente, la esperanza que aparezca un ejemplar inesperado de conductor que se eleve por encima de esa cerca que son las rutinas municipales y despliegue ante ellas una insólita y apasionante acrobacia ciudadana para alegrarles un poco la cotidiana burocracia?
Yo ya había completado los exámenes que me dieron y no me quedaba más que entretenerme con ese tipo de suposiciones inútiles mientras esperaba que me llamen para la entrevista final. Había resuelto una serie de tests y ejercicios escritos casi sin pensar: las figuras geométricas con un detalle raro, el acertijo de las tijeras y el compás y la breve descripción de mi personalidad actual, que respondí con una sinceridad absolutamente innecesaria. pero que hizo mas entretenido el momento. Y todo casi sin levantar el lápiz del papel.
Cuando me llamaron pegué un salto casi hasta el escritorio. La mujer parecía tener los resultados en la pantalla de su computadora y me habló sin mirarme, la voz monótona, la blusa del uniforme un talle más grande que lo conveniente. Se oía distraída, lejana, como si le costara más a ella que a mi mismo llevar adelante la entrevista .
Aquí me sale que sos una persona muy ansiosa….Como que te cuesta tener paciencia, ¿puede ser? , me dijo.
Se ve que la mujer era de los que les gusta romper el hielo con los dientes.
Fah! La verdad es que nunca lo había pensado, le dije haciéndome el perplejo. Ahora que me lo decís, como que entiendo muchas cosas. Hice un silencio y agregué: por ejemplo, no sabes lo ansioso que estaba durante las 16 semanas que tardaron en darme el turno éste para sacar el carnet.
Creo que no se esperaba la respuesta. También creo que no prestaba atención alguna a lo que yo decía, no parecía guionada para recibir respuestas. Siguió adelante.
La paciencia es algo muy importante para manejar en la ciudad. Especialmente ahora, porque cada vez hay más vehículos en la calle. Y los trastornos de la ansiedad están muy correlacionados con los accidentes de tránsito.
No me digas, le dije yo, como si estuviera honestamente interesado. ¿Tienen estudios, estadísticas, entonces….?
Si, me dijo.
Durante unos segundos, el mundo entero parecía haberse desconectado del sistema global de audio del universo, generando un silencio tremendamente incómodo.
Y… ¿me podrías decir más o menos cuántos fueron los accidentes ocurridos en el último año, en los que la causa del choque estaba relacionada con un trastorno de ansiedad?
La mujer no demostraba tener interés alguno en nuestra conversación. Nada iba a hacerla apartarse del guion establecido. Pero yo estaba decidido a seguir intentándolo.
Bueno. Y, ¿te puedo preguntar qué escala utilizaste para diagnosticarme tan precisamente este problemita de la ansiedad?
No me basé en una escala, me respondió inesperadamente. Me basé en el hecho de que respondiste muy rápido. Terminaste todas las pruebas en menos de 6 minutos, y se espera que las personas tarden entre 10 y 12 minutos antes de entregar la hoja. Me parece que o bien sos muy ansioso, o estabas tratando de sacarte de encima los ejercicios del test.
Y si… reconozco que un poco me lo quería sacar de encima. No sé….las preguntas me parecían muy fáciles. Lo que no me gustaría es que, por querer sacarme de encima el examen, no pudiera sacarme el carnet. Pasa que me compré una moto, tuve que esperar un montón hasta que me dieron este turno para el examen y la verdad es que no veo la hora de subirme y andar.
¿Y que moto tenés?, me preguntó, con esa voz de hombre que les sale a algunas empleadas públicas acá.
Una Kawasaki mil dosciento, le dije.
Para colmo, me comí la s de mil doscientos. Si encima se daba cuenta de que soy rosarino, no me daban el carné hasta que no se renueve todo el personal de la sección psicométrica, la división de tránsito y la puta madre que los parió.
Una moto de ese calibre es muy peligrosa en manos de una persona ansiosa, me dijo, como escupiéndome la Kawasaki.
Hizo como que escribía algo en un anotador, pero estoy seguro que era solo un garabato y que no tenía el menor interés en anotar nada. Por otra parte, quedaba claro que la palabra calibre que yo ya veía escrita en mi lápida, no había sido escogida de manera inocente.
Pero entonces -contrataqué- si tu diagnóstico no está basado en estándares psico descriptivos, me estás diagnosticando con base en tus propios parámetros. Tal vez vos sos una persona tremendamente tranquila y cualquier tipo que viene aquí y hace las cosas en cinco minutos en vez de tardar quince, te parece que no tiene la debida paciencia.
Se hizo otro silencio.
Capaz que es algo aquí de la Intendencia, seguí, algo que genera el trabajar en este lugar, ¿No podría ser? El ambiente aquí es muy relajado. Entiendo que para los estándares de tranquilidad que manejan ustedes, lo mío pueda ser visto como un trastorno de ansiedad.
En ese momento, observé que la mujer había empezado a mascar un pequeño chicle. No es que se lo hubiera puesto disimuladamente en la boca durante nuestra entrevista. Seguramente, lo tenía guardado en algún escondite entre los premolares y el labio inferior, como paliativo ante el caso de encontrarse con algo que provocara su propia ansiedad.
Me di cuenta que me convenía bajarle un cambio a la moto, tomar una curva en la conversación y ver si podía continuar la ruta en velocidad crucero hasta el carnet.
Viste que los judíos tenemos un poco esa fama de ansiosos, de neuróticos, ¿no? Como si nos gobernara una cierta ambición, un apuro ancestral por llegar a no sé dónde.
¿Y adonde quieren llegar, ustedes, los judíos? me dijo demorándose un poquito en la j.
Y bueno….a la tierra prometida, obviamente. No vemos la hora de estar ahí. Y a mí, en este caso, me gustaría ir en moto, si es posible.
No se le movía un músculo de la cara.
Una vez salí con un chico judío, me dijo. Pero hace muchos años, yo estaba en el liceo.
Por un instante, el psistema parecía estar dándome una nueva oportunidad.
¡Pero mira que coincidencia! Me pasó exactamente lo mismo.
Juro que todavía no entiendo por qué le dije eso o que quise decir con eso. Una vez más, estaba en el piso y nadie cobraba foul.
¿Y duraron mucho?, pregunté tratando de recuperar el hilo de sus pensamientos.
No, no. Unos pocos meses nomás. Es que a su familia no le gustaba que él anduviera con una goi.
Eso a veces pasa durante los primeros meses, pero después la familia se acostumbra y te empiezan a querer, dije como si me importara mucho tranquilizarla. Y enseguida agregué, Deberías haberles dado un poco más de tiempo, capaz que te faltó paciencia…
Me llevé la mano a la boca como quien ha dicho una guarangada. A veces uno comunica las cosas con un gesto que dice que, si bien uno ha dicho algo que efectivamente pensaba, lo ha dicho sin pensar. Otra vez, había arruinado mi posibilidad de salir de ese infierno psicotécnico con un carnet.
Bueno, los judíos somos medio neuróticos, si. Y bastante ansiosos incluso. Pero también podemos ser pacientes, le dije. Pensá en toda la paciencia que se necesita para caminar 40 años por el desierto, en busca de una montaña y una promesa que ni siquiera estaba escrita. Además ¿desde cuándo la paciencia es un valor absoluto? Para mi que eso es cosa de chinos, una cultura muy poco emprendedora. ¡Confunden paciencia con pasividad!, ¿No te parece?
La psicóloga seguramente me veía, a estas alturas, como un campeón municipal de auto-boicot (moto boicot en mi caso). Como alguien completamente incapaz de decir lo que le convenía, un inútil que no tiene idea sobre cómo manejarse en el terreno de las cuestiones más elementales. Y eso sí que lo podía diagnosticar sin necesidad de hacerme ningún test.
Esperá afuera, me dijo. Te van a llamar para darte el resultado.

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